miércoles, 16 de julio de 2014

Y volví




Me pregunto por qué dejé de escribir. Me pregunto por qué la última vez que me senté frente a una página en blanco fue hace casi dos veranos y por qué desde la anterior hacía casi dos más. Me pregunto qué he hecho durante todo este tiempo y si he sido demasiado feliz como para necesitar la catarsis que ha motivado gran parte de mis escritos desde que tengo uso de razón. Quiero pensar que he estado demasiado ocupada viviendo como para sentarme a elaborar mínimamente la manera de contarlo (mi madre suele decir que hubiese llegado lejos de no haber sido tan vaga para las cosas no obligatorias y tiene razón, como casi siempre). Desde luego que he vivido, y muchos ratos felizmente, pero también la desgracia ha llamado a mi puerta vestida con múltiples trajes que no he creído oportuno describir aquí (ni en ningún lado) por miedo a violar una intimidad que ya no existe (podría escribir para mí si hacerlo tuviese algún sentido en una Era que lleva el ego a su máxima expresión gracias a las redes sociales). También está la mediocridad (prefiero ser una lectora digna que una escritora mediocre). Y ésta es, sin duda alguna, la más creíble de mis excusas.


Excusas 


Sabes, yo tenía una familia, un trabajo, algo 

siempre estaba 
en el medio 
pero ahora 
vendí mi casa, encontré este 
lugar, un estudio amplio, 
deberías ver el espacio y la luz. 

Por primera vez en mi vida voy a tener el lugar 
y el tiempo para 
crear

No, nene, si vas a crear 
vas a crear trabajando 
16 horas por día en una mina de carbón 
vas a crear en una piecita con tres chicos 
mientras estás 
desocupado, 
vas a crear aunque te falte parte de tu mente y de 
tu cuerpo, vas a crear ciego, mutilado, loco, 
vas a crear con un gato trepando por tu 
espalda mientras 
la ciudad entera tiembla en terremotos, 
bombardeos, inundaciones y fuego. 

Nene, aire, luz, tiempo y espacio 
no tienen nada que ver con esto 
y no crean nada 
excepto quizás una vida más larga para encontrar 
nuevas excusas. 

Charles Buskowski

jueves, 23 de agosto de 2012

Volveré

Siempre he sentido curiosidad por personas como Luna Miguel o Anna Lisa. Personas, en su mayoría mujeres, con una sensibilidad especial que les permite conciliar vida y literatura de la manera más natural y aparentemente sencilla que uno pueda imaginar. Escriben mejor que viven, y también viceversa,  y a mí me dan envidia porque no soy capaz de mantener la constancia en la lectura y la escritura con esa facilidad, aun siendo mis principales pasiones. Las admiro y me imagino espectadora, observándolas en secreto, siempre al margen, para no invadir su espacio ni interrumpir su actividad, que invento casi ritual y necesariamente en solitario. Percibo el escenario de creación envuelto en un halo de misterio y ambientado con un toque enigmático que eleva mis sensaciones a un estado casi místico. Cada palabra, cada imagen, me transportan por nuevos recodos de una vida interior tan amplia que siento no dar abasto. Me cuesta creer que son personas como yo, con intereses y circunstancias generacionales similares a las mías y me retiro, purgada, dejándolas, ahora sí, a solas, para que puedan seguir haciendo, con esa naturalidad pasmosa, lo que tan bien se les da. "Volveré" digo en voz baja, como para despedirme, y abandono mi papel de voyeur mientras me pregunto si son felices. Volveré a purificarme. Volveré. Siempre lo hago.

lunes, 2 de enero de 2012

Una mujer y un hombre

La primera vez que oí hablar de Juan Gelmán fue en una fiesta Erasmus, cubata en mano, entre idas y venidas de desconocidos (me había aventurado a ir sola), en un piso repleto de estudiantes a los que ni el mismo anfitrión conocía. Me lo recomendó un chico joven del que nunca supe el nombre (nadie fue capaz de ubicarlo cuando pregunté por él) y del que recuerdo, sobre todo, una barba excesivamente poblada para su corta edad, un gorro, quizá, y un suave acento argentino. Sé que estudiaba algo en algún sitio y que sus padres habían influido de algún modo en su pasión. Sonreía con una humildad encantadora y tocaba lo que en un primer momento presumí guitarra-carnada pero resultó ser una guitarra-coraza tras la que ocultar su timidez y que le duró en la mano lo que tardó en citar, de forma casi inconsciente, a mi admirado Cortázar (hecho que provocó una inmediata estampida del resto de desconocidos que hacían, hasta el momento, los coros, y que minutos después pasaban borrachos bajo un limbo improvisado al ritmo de Rafaela Carrá - plan sin duda atractivo que bajo ningún concepto habría rechazado de no ser porque aquel chico me dio la mejor conversación que había tenido en meses - ).

Del contenido poco recuerdo, pero sé que pasamos la noche entera solos, en un rincón del recibidor inicialmente iluminado por la luz tenue de la sala contigua y al final por los rayos de un sol de mediodía que nos sorprendía, horas-minuto después, intercambiando impresiones sobre literatura con la súbita emoción de quien encuentra a un cómplice-regalo en un contexto lleno de gente vacía, entre la que yo me contaría si él no me hubiese activado. Hubo, además, un número de teléfono y una dirección de mail apuntados, a lápiz, entre escritores, poemas, películas y canciones recomendadas. 

Nunca llamé ni escribí, pero hoy sonrío cuando leo que Eduardo Galeano, autor de una de mis lecturas de referencia: Días y noches de amor y de guerra, ha escrito un libro juntamente con Gelmán, poeta al que conocí en una fiesta Erasmus, de mano de aquel chico joven del que nunca supe el nombre. 


Una mujer y un hombre 

Una mujer y un hombre llevados por la vida,
una mujer y un hombre cara a cara
habitan en la noche, desbordan por sus manos,
se oyen subir libres en la sombra,
sus cabezas descansan en una bella infancia
que ellos crearon juntos, plena de sol, de luz,
una mujer y un hombre atados por sus labios
llenan la noche lenta con toda su memoria,
una mujer y un hombre más bellos en el otro
ocupan su lugar en la tierra.


[Juan Gelmán] 

lunes, 19 de diciembre de 2011

Función de la literatura

Me entero, por las redes sociales, de que Lucía Etxebarría deja de escribir "por culpa" de la piratería y lo primero que me viene a la cabeza es esta acepción de la RAE, que leí hace algún tiempo y me parece un buen referente para discernir entre lo que es literatura y lo que no:

Literatura.

(Del lat. litteratura).

1. f. Arte que emplea como medio de expresión una lengua.

Otra definición que encuentro es "Expresion de la belleza por medio de la palabra oral o escrita".

En cualquier caso, las dos ideas dejan, por sí solas, fuera del concepto "literatura" a los escritos de Etxebarría. Pero sigo recordando y decido recuperar fragmentos, entrevistas y confesiones de algunos autores sobre su relación con esta. Me encuentro, entre otras, con las siguientes opiniones:

No sólo en la literatura, creo que en toda actividad humana hay siempre un componente racional, describible, transmisible, que se puede enseñar, y un componente misterioso, al que uno puede aproximarse, pero sin tener la seguridad de que se ha encontrado. Esto es realmente fundamenal en el arte de vivir, y si trato el arte de vivir de un modo tan estrechamente vinculado a la creación es porque en mi caso escribir ha sido y sigue siendo una necesidad vital. Mi obra será buena, mala o regular, acertada o desatinada, pero la he escrito porque no podía evitarlo.Trataré de explicarles, en la medida en que lo sé, porque, en verdad, no sé muy bien porque uno se dedica a escribir, cómo nace el escritor en la persona.

[José Luis Sampedro]


Creo que la literatura sirve como una de las muchas posibilidades del hombre para realizarse como homo ludens, en último término como hombre feliz. La literatura es una de las posibilidades de la felicidad humana: hacerla y leerla. Esa biblioteca me ha dado a mí miles y miles de horas de felicidad. Cuando escribo soy feliz y pienso que le puedo dar un poco de felicidad a los lectores. Y cuando digo felicidad no estoy diciendo felicidad beata: puede ser exaltación, amor, cólera, digamos: potenciación.

Cuando sé que voy a escribir un cuento tengo hoy, como hace cuarenta años, el mismo temblor de alegría, como una especie de amor.

[Julio Cortázar]


La literatura sirve para entender quiénes somos y adónde hemos llegado. La única razón que se puede aducir es que leer los clásicos es mejor que no leer los clásicos. Y si alguien objeta que no vale la pena tanto esfuerzo, citaré a Ciorán: "Mientras le preparaban la cicuta, Sócrates aprendía un aria para flauta. ¿De qué te va a servir?, le preguntaron. Para saberla antes de morir, respondió"

[Italo Calvino]


El arte tiene otras finalidades, tiene que ver un poco con el famoso compromiso. Los muchachos - yo incluido cuando lo era - , de pronto, enfurecidos por los acontecimientos de este mundo atroz en el que vivimos, hemos propugnado, hemos deseado soluciones rápidas, generalmente violentas, además un muchacho es muy propenso a ese tipo de violencia sagrada. Y muy a menudo se ha cuestionado, desde ese punto de vista, frente a un mundo terriblemente injusto y doloroso, donde millones y millones de seres humanos mueren de hambre, donde hay países oprimidos, donde se cometen toda clase de injusticias, cuántas veces los muchachos, cuántas veces yo me pregunté: "Qué es lo que hay que hacer?... Y en esas circunstancias frecuentemente, casi inevitablemente, hay quienes sostienen que hay que reemplazar la literatura por un fusil.

[Bertold Brecht]


Personalmente, creo que exposiciones como éstas son las que hacen que presuntos escritores como Etxebarría no vendan copias de sus libros (debo reconocer que me sorprende incluso el que la gente se los descargue de Internet) mientras, años e incluso siglos después de sus muertes, los Grandes Escritores siguen vendiendo tanto o más que el primer día.

Creo que no hace falta decir mucho más.

martes, 6 de septiembre de 2011

Y juro por mi vida que nunca lo negaré

Cuando leí por primera vez a Whitman, poco conocía de él y de su obra, pero mi ignorancia no fue impedimento (sino más bien facilitador que permitió una entrega total, sin prejuicio alguno, a su poesía) para sucumbir, siendo aún preadolescente, a los encantos de aquel poeta que se situaba a la altura de los hombres para cantar a todos y cada uno de ellos.

Quiero al esclavo de los algodonales o al que limpia las cloacas, 
le beso la mejilla derecha como a un hermano, 
y juro por mi vida que nunca lo negaré.

Withman era, para mí, en aquel entonces, sinónimo de Amor, de Libertad, de Alegría... de Vida, al fin. Y, a pesar de no conocer su origen ni su intención (si es que la había), su poemario Hojas de hierba representaba una declaración de principios, una filosofía vital que aún a día de hoy sustenta las bases de lo que entonces empecé a ser. Me encontraba, sin ser consciente de ello, ante el más extraordinario fragmento de espíritu y sabiduría que nunca hubiese podido caer en mis manos.

Han pasado quince años desde aquella primera lectura (que, dicho sea de paso, debo agradecer a la gran sensibilidad de mi madre) y hoy sé mucho más de las circunstancias de Walt Whitman. Sé, por ejemplo, que el poeta tenía grandes esperanzas puestas en una nueva América en la que se desmoronaba la estructura feudal. En palabras de G. Nolasco, Whitman había recibido como herencia la declaración de Filadelfia y sabía que su flamígera proposición se materializó en la Revolución Francesa: libertad de expresión, libertad de culto, libertad de conciencia, seguridades individuales. [...] La democracia marchaba; sus nuevas instituciones revoluionaban las costumbres, eran motores de progreso y seguro camino para la materialización de los valores más preciados del hombre.

Ante este esperanzador panorama, Whitman asumió el reto de escribir una epopeya que celebrara las nuevas circunstancias de una América democrática y decidió hacerlo mediante un nuevo procedimiento que no centrara la atención en un hombre (como pudiese ser Ulises, El Cid o incluso Cristo, anteriormente), sino que asegurase una visión plural en la que todos y cada uno de los seres gozasen de absoluta igualdad.

Me pregunto, no sin evidente congoja, qué pensaría el poeta si pudiese comprobar, poco más de un siglo después, qué hizo verdaderamente el hombre - los hombres - con la oportunidad de cambio que se le brindó en aquel momento, en qué convirtieron - convertimos, día a día - la América - y el mundo - que tan prósperos tiempos prometía y que, dudo, pueda hoy reconocerse en los versos que, con ilusión, la ensalzaban.

Ésta es la mesa puesta para todos, ésta es la carne para el hombre natural;
es para el malvado no menos que para el justo, a todos he invitado,
no permitiré que una sola persona sea desairada o excluida,
la mantenida, el parásito, el ladrón, están aquí invitados.
El esclavo de labios gruesos está invitado, el enfermo venéreo está invitado, 
no se hará la menor diferencia entre ellos y los otros.


Qué distinto sería todo si Whitman fuese algo más que un capítulo en los libros de texto de los estudiantes americanos...

lunes, 5 de septiembre de 2011

El eterno retorno


¡Qué rauda va la vida de enero a diciembre! Vivimos arrastrados por el torrente de esas cosas que han llegado a sernos tan familiares que ya no proyectan sombra; no establecemos comparaciones; apenas pensamos en yo o en tú; y en esta inconsciencia alcanzamos la máxima libertad que cabe alcanzar con respecto a la fricción, y apartamos los hierbajos que tapan las bocas de los canales sumergidos. Tenemos que saltar como peces, muy alto en el aire, para coger el tren que sale de Waterloo. Y por muy alto que saltemos volvemos a caer en la corriente.

Las Olas (Virginia Woolf)


El tiempo circular, concepto filosófíco que descubrí, como tantas otras cosas, gracias a la literatura (Borges, Kundera, Hesse... leídos uno tras otro, como si de una señal se tratara, en una misma época vital - quién sabe si, de forma más inconsciente o menos, andaba sin buscar (esa idea), pero sabiendo que andaba para encontrar(la) , como enunciaba Cortázar en su mítica Rayuela - ), me hace volver hoy aquí, para intentar poner fin a varios meses de relativo letargo en mi actividad literaria (no sólo en lo que a producción se refiere, sino también en cuanto a consumo - inadmisible pero constante período que siempre acaba para dar paso a temporadas fructíferas, que a su vez terminan en una época yerma, a la vuelvo en un eterno retorno - ) 

Y qué mejor manera de hacerlo que releyendo a Virginia (siempre regreso a ella, como a un oráculo particular, buscando respuestas que den pie a nuevas preguntas), cuyas Olas me han dado el empujón final, esta tarde, al abocar frente a mí las palabras que precisaba para tomar definitiva consciencia del peligro real que implica dejarse arrastrar por un día a día que nos consume y nos merma, en ocasiones, la inquietud. 

De esta manera, empujada por una sed angustiosa de conocimiento que compense el tiempo ¿perdido? estos meses, me propongo retomar la idea inicial de este blog (cada vez más necesito un leif motiv que dé coherencia al todo y me ayude a retener las partes), con la intención de ser algo más constante que en anteriores ocasiones.


Olas de manos, dudas en las esquinas callejeras, alguien arroja una colilla al arroyo. Todo son historias. Pero, ¿cuál es la verdadera historia? No lo sé. De ahí que conserve mis frases colgadas, como ropas en el armario, en espera de que alguien se las ponga.



martes, 26 de julio de 2011

Breves


Leo, veo y escucho a lo largo de todo el fin de semana cómo la prensa y la opinión pública de este país centran la mayor parte de su atención en dos únicas noticias: la muerte de una cantante y una masacre, en Oslo, a manos de un psicópata ultraderechista.

Amy Winehouse, una cantante "beat" a la que hoy Público tiene la osadía - o al menos a mí me lo parece - de comparar con Burroughs o Kerouac en literatura y de la que yo, hasta el momento, sólo conocía una canción en cuya letra gritaba que no estaba dispuesta a ir a un centro de rehabilitación para superar sus problemas con las drogas (no hace falta que detalle el motivo de su muerte), ha fallecido a los 26 años en su casa de Londres. Pese a ser profesora de música reconozco que los estilos modernos no son mi especialidad y que, por ello, no puedo valorar con conocimiento de causa las aportaciones que, por lo visto, esta mujer hizo a la música. Lo que sí puedo observar, en cambio, es cómo, de la noche a la mañana, por el simple hecho de haber muerto,  una cantante conocida hasta el momento por sus escándalos y sus adicciones, parece haber pasado a ser la nueva Kurt Cobain o la nueva Jim Morrison. No soy partidaria de los mitos, en ningún caso, pero me parece absolutamente desproporcionado que una mujer que sólo ha publicado dos álbumes y que, como consecuencia de ello, lleva cantando lo mismo desde hace 8 años, se convierta en símbolo y referencia una vez muerta, cuando nunca lo fue en vida. También ha muerto estos días, y es sólo un ejemplo de los muchos que podríamos encontrar, un interno del centro penitenciario de Teruel que llevaba cinco meses en huelga de hambre y apenas se le han dedicado unos minutos o unas líneas en algunos medios tradicionales, mientras el funeral de Winehouse ocupa en estos momentos las primeras páginas de casi todas las versiones online de los periódicos nacionales. ¿Dónde está la noticia? Es una pregunta que vengo haciéndome con especial énfasis desde hace algunos meses y cuya respuesta siempre me resulta desalentadora: información es sinónimo de poder y los medios de comunicación son, probablemente, uno de los negocios más peligrosos de nuestra era. 

Sobre la masacre de Oslo poco tengo que decir, pues en este caso sí me parece obvio que la noticia ocupe primeras páginas. Ahora bien, no puedo evitar sentir como un insulto a la inteligencia el que, tanto personas particulares como medios tradicionales cuya línea editorial casa a la perfección con la ideología del asesino (xenófobo, antiislamista, etc.), se laven la cara condenando algo que presentan en sus programas electorales o que, de forma a veces más sutil, defienden en su día a día. ¿Es que a nadie más le da la sensación de que están condenando un hecho que ellos mismos desean pero no pueden o no tienen valor de hacer? ¿O es que la carga de los Mossos de Esquadra que desalojaron injustamente a una familia de inmigrantes ayer en Barcelona no es violencia? ¿O tampoco lo es el que un agente de policía propinara una paliza a un chico por hablarle éste en catalán y se vaya de rositas pagando 1200 euros? ¿Cuánto tiempo vamos a tardar en darnos cuenta de que vivimos rodeados/as y dominados/as por personas cuyo pensamiento no dista tanto de lo ocurrido el pasado sábado?