Pasado mañana se cumple un año desde que el movimiento
posteriormente llamado 15M saliera a las calles por primera vez y, para
conmemorar lo que éste significó para nosotros y, sobre todo, para gritar que
la esencia sigue viva y que, aunque ya no seamos tan mediáticos, seguimos
estando aquí, se convocaron más de 80 manifestaciones en casi todas las
ciudades del país.
En Palma, concretamente, la primera impresión fue de
decepción, porque no llenábamos ni la mitad del Born. Poco a poco se nos fue
uniendo gente (de hecho, empezamos la marcha una hora más tarde de lo previsto)
y llegamos a ser unas 6000 o 7000 personas. Nada en comparación con las manis
del 19J y del 15O, en que habíamos llegado a los 15000, pero igualmente
diversas y más combativas aun, si cabe. Gracias a las ganas y al empeño de los
asistentes en demostrar que estamos más vivos que nunca, a medida que avanzaba
la tarde la decepción se convirtió en esperanza y me olvidé de que éramos la
mitad de los que habíamos sido y cientos de miles menos de los que deberíamos
ser.
Comenzamos la marcha hacia Plaza España entre cánticos ya
conocidos y nuevas consignas, un año después ya concretas, contra acciones que
están llevando a cabo el Gobierno y el Govern desde hace meses (como el cierre
de los hospitales Joan March y General, el repago, los inaceptables recortes en
educación, la construcción de un hotel en Es Trenc, la persecución consciente
de la lengua catalana y un largo etcétera) y, finalmente, llegamos a la que, un
año más tarde, volvía a ser la Plaza Islandia.
Una vez allí, tuvo lugar una asamblea que a mí,
personalmente, me transportó de nuevo un año atrás. La plaza estaba abarrotada
y volvía a respirarse aquel ambiente casi mágico de lucha y reflexión conjunta,
de diálogo, de respeto... de esperanza. Si, en algún momento, pude creer que el
15M estaba de capa caída, hoy debo rectificar y decir que lo vivido ayer en
Plaza Islandia fue alentador porque me di cuenta de que no se trataba sólo de
una fiesta, de una conmemoración, sino que la gente volvía a la plaza con ganas
de retomar el testigo que se dejó hace unos meses, de decir que esta vez
volvemos con la fuerza y la ventaja que nos da un año entero de reflexión, que
hemos aprendido de nuestros errores y conocemos nuestras potencialidades y que
de aquí #nonosvamos.
La asamblea se alargó durante varias horas y, al terminar, unas 200
personas decidimos quedarnos en la plaza, aun sabiendo que en Sol estaba
previsto el desalojo a partir de las 22:00 y que nosotros iríamos detrás. En
este caso fue al contrario, fuimos la primera ciudad desalojada de España
(según he leído, también cayeron Valencia, Sevilla y, finalmente, a las 5 de la
madrugada, la Puerta del Sol), en una concentración totalmente pacífica a la
que acudieron casi 100 agentes de policía, uno por cada dos manifestantes. El
despliegue, tanto en número como en forma, fue totalmente desproporcionado.
Perdí la cuenta del número de furgones y motos que rodearon estratégicamente la
plaza, cercando a las personas concentradas en ella y tapando las salidas.
Aquello era una auténtica ratonera y el espectáculo era entre ridículo e impactante. La policía
asedió todavía más a los manifestantes y ya no nos dejaban acercarnos a los que
estábamos a unos metros de ellos. Además de intentar dialogar con los agentes (totalmente inútil, como de construmbre) procurábamos hacer desde allí la retransmisión vía
Twitter, mediante fotos y comentarios que twitteros de varios lados del país
iban difundiendo (menos mal de las redes sociales, porque hoy en los medios
tradicionales ni siquiera se nos nombraba!)
Además de la constante solidaridad entre
l@s
compañer@s, hubo varios momentos emotivos, como
el apoyo de un padre que vino con sus dos hijos pequeños (y que tuvo que irse, eso sí, entre aplausos,
cuando la policía se puso los cascos y sacó los escudos) o el valor de una
chica en silla de ruedas que se cruzó de brazos y se negó a irse. También me
sorprendió muy gratamente encontrar allí personas a las que hacía años que no
veía, como algunas profesoras de la universidad, los padres de una excompañera
de instituto, algunos familiares... unidas por una misma causa.
Después de varios avisos (un “Os juro por mis hijos que
cuento hasta tres y cargo”, por ejemplo), los agentes empezaron a avanzar hacia
los manifestantes. Fueron unos momentos muy tensos porque creíamos que iban a
cargar. Finalmente, se dedicaron a desalojar a los indignados uno por uno, a
menudo ejerciendo más fuerza de la necesaria (torciendo muñecas, arrastrando
entre varios a una sola persona, empujando a la gente hasta tirarla al
suelo...). Desalojaban a los manifestantes por dos sitios distintos (ya se sabe, "divide y vencerás") y
nosotros estábamos en uno de los lados, recibiéndolos y enfrentándonos a la
policía, que cada vez nos obligaba a estar más lejos de la plaza y que, en más de una ocasión, se mostró agresiva física (tiró a varias personas al suelo, una de las cuales se golpeó la cabeza contra un poste) y verbalmente (entre tantos otros desafortunados comentarios, me quedo con el de un agente vejó a una manifestante diciéndole que, si se quitaba el uniforme, se iba a poner cachonda).
Afortunadamente, y al contrario de lo que en un principio creíamos,
l@s compañer@s no eran
llevad@s a comisaría ni
identificad@s, así
que, cuando terminaron el desalojo, nos fuimos a la explanada de Ses Estacions
e hicimos allí una asamblea en la que decidimos volver hoy, a las 12 de
mediodía y a las 19 de la tarde.
La ridiculez final de la noche fue el momento en que una especie
de grúa con tres hombre se irguió sobre la plaza, llegando hasta la estatua del
Rei en Jaume, para quitar la bandera de Islandia y la máscara de Anonymous que
un compañero había colocado allí al comienzo de la asamblea. Estaban intentando
destruir los símbolos (como el hecho de acampar en la Plaza, aunque
vari@s compañer@s acabasen
acampando pocos metros más allá), sin darse cuenta de que, cuando más nos
opriman, más resistencia opondremos.
Por eso, es importante que nos veamos tod@as
a las 19h en el mismo lugar, en solidaridad con las personas desalojadas ya no
sólo aquí, sino alrededor de todo el país. Nos vemos en las plazas!!!