Otro de los grandes descubrimientos hechos durante mi primer mes aquí ha sido, como algunos ya sabéis, la biblioteca Manuel Arranz, en Poblenou. La descubrí, por casualidad, una mañana cualquiera, durante mi visita rutinaria al médico, para que me renovara la baja o para que me diera el alta, ya no lo recuerdo, de la gastrointeritis que me privó de comer durante seis semanas y que me costó, en consecuencia, largos paseos al CAP y cinco quilos y medio de masa corporal menos.
Como me aburría la repetición exacta del camino habitual, al cabo de pocos días me dediqué a explorar las rutas alternativas que me llevaban al sitio en cuestión, con las pérdidas que ello conlleva si se tiene en cuenta que mi orientación es nula. Y fue así como encontré, sin buscarlo (que es como se encuentra, casi siempre, lo que merece la pena), un edificio inmenso que me llamó la atención. Movida por la curiosidad, entré a preguntar qué se cocía dentro de la que, lo sabría luego, fue anteriormente la fábrica téxtil del barrio. Una vez allí, no hubo duda, más de 1500 metros cuadrados distribuidos en dos plantas de biblioteca. Un verdadero paraíso para los que, como yo, somos adictos a los libros y, por falta de recursos (o por exceso de necesidad), no podemos permitirnos el lujo de comprar ni la mitad de la mitad de los que nos llaman la atención.
Tras llenar la mochila con todos y cada uno de los panfletos que había sobre el mostrador del servicio de préstamo que presidía la primera sala, eché una ojeada al resto de la planta baja, donde varias personas de mediana y avanzada edad leían la prensa diaria y charlaban distendidamente, siempre respetando el ambiente de tranquilidad que se respiraba en ella. En el piso de arriba, ya sí, estantes y estantes de libros, una zona infantil y juvenil gestionada con gran gusto que me dejó fascinada, aula de estudio, sillones, sofás y mesas repartidos a lo largo de un espacio del que casi no veía el fin.
Como me suele ocurrir cuando hay exceso de estímulos, no era capaz de centrar la atención en nada concreto, me sentía desbordada. Tanta opción literaria me abrumaba, casi podría decir que me dolía (imprescindible hacer, aquí, referencia, a la escena de la bolsa, de la película American Beauty) Pero entonces apareció ante mis ojos. Allí estaba, en un estante destacado donde los responsables de la biblioteca habían decidido recopilar las obras significativas de Julio Cortázar con motivo del 95 aniversario de su nacimiento, el libro de mismo nombre que el autor, presentado como una biografía y escrito por Cristina Peri Rossi. Yo no sabía, hasta el momento, que había una relación entre ellos, pero un libro que uniera a mis dos escritores latinoamericanos preferidos tenía que ser una buena elección. De repente, desaparecieron todas las demás opciones. Me senté en uno de los cómodos sillones que la biblioteca había puesto a disposición de los lectores y me dediqué a investigar, curiosa.
La obra pertenecía a la colección Vidas literarias, dirigida por Núria Amat, que un día tuvo la genial idea de emprender este proyecto en el que algunos de los mejores autores contemporáneos escriben la biografía de los grandes clásicos de las letras hispanas. Así, por ejemplo, podemos conocer parte de la vida de Pío Baroja de la mano de Eduardo Mendoza, podemos saber algo más de Espronceda a través de las palabras de Caballero Bonald o podemos descubrir a García Lorca bajo la mirada de su paisano Luis García Montero.
Hay iniciativas, como ésta, a las que, bajo mi punto de vista, deberíamos estar eternamente agradecidos. Porque, desde aquella mañana de noviembre en que descubrí, por casualidad, la biblioteca del barrio, ya no soy capaz de imaginar el mundo de la literatura (ni mi vida) sin libros como los citados.
Cinco últimos poemas para Cris (de J.Cortázar a Cristina Peri Rossi)
3.
Nunca sabré por qué tu lengua entró en mi boca
cuando nos despedimos en tu hotel
desués de un amistoso recorrer la ciudad
y un ajuste preciso de distancias.
Creí por un momento que me dabas
una cita futura,
que abrías una tierra de nadie, un interregno
donde alcanzar tu minucioso musgo.
Circundada de amigas me besaste,
yo la expeción, el monstruo,
y tú la transgresora murmurante.
Vaya a saber a quién besabas,
de quién te despedías.
Fui el vicario feliz de un solo instante,
el que a veces encuentra en su saliva
un breve gusto a madreselva
bajo cielos australes.
5.
No te voy a cansar con más poemas.
Digamos que te dije
nubes, tijeras, barriletes, lápices,
y acaso alguna vez
te sonreíste.


Llegó el cateto con una duda: ¿había algo entre Cortázar y Peri Rossi?
ResponderSuprimirAhora mismo me he dado asco. He sido como una Belén Esteban reseñando en Babelia algún libro de Schopenhauer (seguramente lo habré escrito mal).
Para no quedar de tonto, diré que hace tiempo descubrí que Manuel Vázquez Montalbán (lo quiero con locura) escribió un libro titulado: El París de Rayuela. Lo he buscado pero parece ser que está jodido de encontrar. Aunque tiene una pinta acojonante.
(acabo de recordar que existe iberlibro. Voy a probar)
Jejejeje, tranquilo, Toni, es normal que se te pase la duda por la cabeza después de leer esos poemas.
ResponderSuprimirSe conocieron, por pura casualidad (aunque ninguno de los dos creía en las casualidades), cuando Cortázar encontró, en una vieja librería de París, uno de los primeros libros de ella (que tenía veinte años menos y estaba empezando a escribir) Cristina estaba, en aquel entonces, exiliada aquí, en Barcelona, y un buen día recibió una carta de Cortázar, que ya era un escritor consagrado (todo esto ocurrió doce o quince años antes de su muerte) El contenido no lo transcribo porque merece una entrada propia (a mí, personalmente, me puso la piel de gallina), pero venía a decir algo así como que le había llegado mucho su historia y que le gustaría conocerla. Ella, que conocía una por una sus obras, que le admiraba desde siempre, no podía creérselo, pero acudió, emocionada, a la cita, y allí empezó una relación que, para mí, va mucho más allá del amor.
Nunca fueron pareja, como nosotros entendemos el término, porque Cristina es lesbiana, pero él deja claro en sus poemas "Cinco poemas para Cris", "Otros cinco poemas para Cris" y "Cinco últimos poemas para Cris" que sentía por ella algo más que una amistad al uso.
He oído hablar sobre "El París de Rayuela"! Pero no sabía que era de Vázquez Montalbán. Tiene que ser increíble, ese libro. De hecho, siempre pensé que, la primera vez que vaya a París, va a ser con ese libro como guía.
(Ha habido suerte en iberlibro?)