viernes, 27 de noviembre de 2009

Llibreria Pròleg

Hoy me he levantado contenta. El día pintaba bien. Última jornada de clase de la que ha sido mi primera semana como sustituta en un colegio especialmente conflictivo de Ciutat Vella en el que, según he sabido hace un rato, me alargan la estancia, como mínimo, hasta después de Navidad. Para celebrar la noticia (y aprovechando, por qué no decirlo, que mi renovación supone un ingreso extra en mi vida de seiscientoseurista - no saber si vas a llegar a fin de mes tiene ese punto emocionante que tanto nos gusta a los adictos a la intensidad, pero no está de más descansar de vez en cuando de esa constante tensión - ), he decidido bajar un par de paradas antes y acercarme hasta la Llibreria Pròleg, de la que tuve conocimiento hace una semana, en la charla De dones, identitat i poesia.

Previo regodeo contemplativo ante el Palau de la Música, he avanzado por la calle Sant Pere més Alt (siempre me ha hecho gracia el nombre y el de su paralela - Sant Pere més Baix - ) hasta llegar al que, desde hoy, se ha convertido en uno de mis rincones preferidos de la ciudad.

La entrada, de no ser por los múltiples panfletos sobre tertulias, talleres, exposiciones y demás actividades focalizadas, eso sí, en el género (es una librería especializada en literatura escrita por y/o para mujeres), podría ser, perfectamente, la del patio antiguo de esos caserones que tanto me gustan, en el centro de mi ciudad.

Una vez dentro, la estancia, alumbrada por una luz tenue y decorada con banquetas de mandera, sofás viejos y mecedoras de mimbre, tiene un aire entre bohardilla y cueva que invita a la intimidad. Todo tiene un regusto a usado, incluso los propios libros, y la escena resulta tan cercana, tan real, que uno cree estar en su casa, ojeando una biblioteca personal adquirida, con esfuerzo y dedicación, a lo largo de varias décadas.

Pero si una característica tiene Pròleg es que allí se para el tiempo. Debido al color de la luz y al ambiente que se crea, uno no sabe si fuera llueve, nieva o hace sol, si es primavera o invierno. Los relojes están prohibidos en un lugar donde el único requisito es disponer de tiempo y tener la piel de esponja para absorber todos los conocimients que la asesora (porque es muchísimo más que una simple dependienta) va a derramar sobre ti, en función de tus intereses, expectativas, trayectoria como lectora...

Yo, tras mucho divagar (no he calculado, como decía, las horas que he estado allí), he adquirido dos libros que, en realidad, podrían haber sido otros dos, o cuatro, o siete... y, por primera vez en la vida, no he sentido ansiedad ante la idea de no poder leerlos todos. Quizás porque, por suerte o por desgracia, la literatura de género es mucho más limitada (por definición) que la literatura universal y uno se siente capaz de crear, poquito a poco, una colección propia, representativa, de los libros escritos por mujeres.



A continuación, dejo un fragmento muy recomendable de la charla a la que aludía antes. Noni Benegas (otra importante poetisa) lee poemas del libro de Juana Castro Vulva dorada y lotos, una de las dos adquisiciones con que me he hecho esta mañana.




La bolsa o la vida

Tú los ves ahí colgados, tirados, y dices,
vaya cosa, son cosa de mujeres, tonterías,
lo llevan para meter el pintalabios,
el móvil, quizás una compresa. Y te olvidas.

Pero ellas no olvidan, lo llevan como a un gato,
como al fiel compañero, como su santo y seña,
como su claro ex-libris.

Te equivocas si crees, en tu inocencia,
que esa cosa de rafia o de piel beige
sirve para tener a mano el colorete, las llaves, el perfume.

Yo la he visto de noche,
esa cosa respira, es una megalópolis,
no está quieta por dentro, es multiforme y crece.

A la hora del pan huele a cerveza,
y cuando está nublado
te puedes encontrar con que ahí dentro
hay una hija, un sol, unas tijeras
de robar rosas rojas.

Ahí, a tres de julio, he visto amanecer los pájaros cantando
y había un abanico para un novio
y una estrella de miel para la madre.
En el rincón azul, las gafas de coser,
las recetas del padre a la fecha de hoy,
la muestra de la tela -preciosa- que le dio el tapicero.
Al fondo la novela, la última, de Doris Lessing
y el bono de 10 horas del gimnasio.

Por ahí pasa un río,
pasa el día, la música, la niebla...

Esa cosa. Mi bolso.
Que va a dar al mar.

1 comentarios:

  1. Comoo escribesss rubiaaa! jejeje me gustaaa! ¿y ese sitiooo? libreria proleg, que sitio más chuloo! me recuerda a alguna peli que he vistoo, que sacan librerias de ese tipooo ^^ y vaya nombre de calle, Sant Pere més baix!! jajjaja como me he reidoo! Me alegraa que esee diaa hay idoo tan bienn! genial! :)

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