
¿Qué te sugiere esta imagen? ¿Qué título le pondrías? Inventa la historia que, crees, se esconde detrás de ella.
Este enunciado, archirecurrente por los siglos de los siglos en los libros de Primaria, sirvió, en una sesión del máster que estoy cursando actualmente, como excusa para introducir un tema que me ha fascinado como pocos.
Nada más entrar en clase, la profesora de Educación e inclusión social nos propuso una dinámica de grupo que partía de las preguntas anteriores, contestadas de forma individual tras la visualización de determinadas imágenes, y que concluía con una puesta en común y debate, si surgía (que surgió, y de qué manera), sobre las distintas formas de ver (o mirar) aquellas fotos.
Las había de todo tipo: desde las que reflejaban situaciones cotidianas de flirteo una noche de fiesta cualquiera hasta las que retrataban clubes de carretera o meublés, pasando por las de parejas realizando prácticas sexuales, chicas atractivas esperando el autobús o niños emulando a sus madres vistiendo un sujetador. Todas las imágenes, eso sí, tenían el factor común de la ambigüedad, que evidenciaba, a partir de un debate posterior, los mitos y los prejuicios que todos tenemos, en mayor o menor grado, en torno al tema tratado: la prostitución (o trabajo sexual, en adelante)
Desolación, desesperación, huida, humillación, mujer-objeto... fueron algunos de los sentimientos que generó, a nivel de grupo, la imagen que encabeza esta entrada. Yo, por mi parte, tenía una visión distinta, incluso contraria, a la de mis compañeros, y es que, lejos de ver en ella connotaciones negativas, la imagen me transmitía, sobre todo, dos sensaciones: esperanza y libertad.
Porque la mujer de mi imagen no está encerrada en una maleta, sino saliendo de ella. Es una persona emprendedora que no se ata a nada ni a nadie, que no conoce las fronteras. La mujer de mi imagen tiene habilidades suficientes para salir adelante por ella misma, para romper las barreras y para empezar de cero. Es capaz, independiente, sabe lo que quiere y lucha por ello incluso en las condiciones más adversas. Saca energía de donde no la hay, porque es optimista, es fuerte. Es autosuficiente. Es libre.
Después de charlar un rato, la profesora referenció los lugares de los que había sacado las fotos, con la intención de desestigmatizar el trabajo sexual, pues muchas de ellas formaban parte de situaciones que nada tenían que ver con la prostitución, aunque nosotros las hubiésemos relacionado enseguida con ésta. En mi caso, pasó justo lo contrario: la imagen que a mí me inspiraba libertad era precisamente el cartel de una campaña contra la trata de mujeres. Ahí me di cuenta de que, tal vez, había pecado de ingenua.
A lo largo de las sesiones, tuvimos la suerte de conocer a las representantes de algunas entidades que luchan por una mejor situación de las trabajadoras sexuales. Cada organización se sitúa en una postura, a veces de carácter más abolicionista (la prostitución como violación de la mujer, siempre, ya que en la sociedad patriarcal en la que vivimos nunca será una opción elegida libremente: "No es que esté sexualmente liberada, ni que haya superado los criterios morales o los hábitos sexuales represivos. Más bien, ha adoptado la misma percepción de sí misma y de su cuerpo que tienen las personas que la han maltratado durante años: la imagen de sí misma como un desecho humano” dice Kathleen Barry en su libro La esclavitud sexual de la mujer), algunas desde un punto de vista pro-derechos (la prostitución, elegida en libertad, es un trabajo que debe reconocerse como tal, dotando así de derechos a las personas que lo ejerzan: "El estigma de puta constituye un instrumento al alcance de cualquiera para realizar un ataque contra las mujeres a las que se considera demasiado autónomas. Es un mecanismo general del control social sexista” afirma Gail Pheterson en El prisma de la prostitución)
Aún partiendo de premisas ideológicamente tan distantes, asociaciones como SICAR, Àmbit Dona, Abits, Hetaira, Proyecto Esperanza o Genera, entre otras, trabajan día a día, tanto a pie de calle como a nivel burocrático, repartiendo preservativos e información, ofreciendo servicios de orientación y formación, impartiendo cursos, charlas, talleres, haciendo acompañamientos, protegiendo a las trabajadoras sexuales en pisos de acogida, tramitándoles documentos, diseñando campañas de sensibilización para el resto de los ciudadanos... realizando, en definitiva, infinidad de tareas que permiten que, en muchos casos, la concepción que yo tuve, en un primer momento, de la mujer que salía de la maleta, sea una realidad y no sólo una percepción subjetiva de una persona ingenua.
Bibliografía recomendada
- Retrato de intensos colores (Carla Corso)
- Trabajadores/as del sexo (Raquel Osborne)
- Excluidas y marginales (Dolores Juliano)
- La prostitución a debate (Mamen Poriz)
- Trabajo sexual (Magdalena López y Ruth Mestre)

Qué grande eres, Aïda.
ResponderSuprimirSobre el tema de la prostitución, básicamente pienso que se debería luchar contra la trata de blancas y ofrecer derechos a las trabajadoras del sexo que sí están ejerciendo por decisión propia.
Un placer leerte, de verdad.
Un beso!
Gracias, Toni, me alegra que te haya gustado. La verdad es que, después de las sesiones que nos han hecho en el máster sobre la prostitución, ha acabado aún más sensibilizada con el tema y, afortunadamente, se me han caído algunos mitos.
ResponderSuprimirYo también defiendo una postura totalmente pro-derechos, aunque sí me parece interesante la reflexión que hacen las feministas abolicionistas sobre la libertad real a la hora de elegir la prostitución (o cualquier otro trabajo) como forma de vida.
Si en algún momento te interesa leer algo sobre el tema, tengo bastante más bibliografía de la que he puesto aquí.
También me han dicho que hay un "Manifiesto de las prostitutas del Raval: que las dejen trabajar" en Youtube, pero no he sido capaz de encontrar el vídeo.
Sí, es un placer leerte :).
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