lunes, 25 de enero de 2010

Hilos y Husos


"Confieso que es la primera vez que no traigo los deberes hechos" se disculpa Chantal Maillard, con voz entre serena y tímida, mientras busca entre sus libros el poema como respuesta, un único verso preciso que dé comienzo al recital. La sala está abarrotada y yo, sentada en el suelo, intento abrir paso con la mirada entra la gente que esta tarde ha acudido a la Llibreria Pròleg para pasar un rato en compañía de la filósofa y poeta. No consigo vislumbrar más que una parte de su brazo y me resigno, recordando aquella clase de Bases psicopedagógicas en que el profesor aseguraba que las personas afectadas de la vista desarrollan mejor el resto de los sentidos. "Será interesante", pienso, "escuchar, más allá de oír" (¿la diferencia? la intención, la consciencia de estar atenta, la percepción de los matices de una poesía sin rostro, de el primer grito del mundo, oculto tras la sonrisa).

Antes de que dé comienzo la tertulia/recital, que introduce magistralmente Concha García, me hago con uno de los libros que han sido dispuestos en una mesa de la entrada, con intención de ser vendidos. Me dejo llevar por la intuición y por un elemento tan absurdo y a la vez tan importante en la elección de una lectura como lo es el título de ésta: Matar a Platón. Me gusta.

Tras una breve introducción no demasiado definida en que realmente sí se echa en falta una línea que vertebre la lógica de la sesión, Chantal nos habla de los hilos y los husos, de la conciencia y del gozo, de la inocencia y del , y nos va envolviendo a todos en una atmósfera creada por una lectura de increíble profundidad (alguien me dijo una vez que para ser buen escritor no sólo hay que escribir bien, sino que hay que saber leer; en este caso, la voz, el tono y el ritmo están perfectamente estudiados), de forma que, al rato, a uno ya no le importa que el recital no siga un orden preestablecido, porque está inmersa en ese mundo en el que el desplazamiento se efectúa (se quiera o no) saltando de un huso a otro. Allí, absorta en un ambiente cálido, de una intimidad extrema, algo de mí está triste, yo no lo estoy. Es imposible estarlo cuando una tiene la certeza de hallarse ante una persona cuyas palabras revolucionan (palpan, sacuden y dejan temblando) un mundo interior intencionadamente anestesiado.

Porque la poesía de Chantal es profunda e inteligente, elaborada como pocas. Ella misma reconoce que no hay palabra gratuita y que la reflexión sobre el contenido ha sido concienzuda y trabajosa. Todos los sentidos deben estar puestos en cada idea, consistente, con razón y peso propios. Densa, renovadora, dura, maneja el vocabulario a su antojo, haciendo un uso particular del lenguaje que le da un tono personal. El sello de la poetisa está impreso en cada estrofa.

Hora y media después de comenzar su charla, Chantal cae en la cuenta de que aún no ha mencionado, siquiera, el título del libro que venía a presentar. Nadie se ha percatado hasta ahora, pero si la intención del evento era "vender" a la escritora lo han conseguido con creces. Da igual si el motivo que nos ha reunido allí ha sido el parto de Hainuwele y otros poemas, nadie quiere abandonar Pròleg sin un ejemplar - el que sea - de esta admirable mujer a la que algunos acabamos de descubrir y otros seguían desde hace tiempo.

Particularmente, y, ahora sí, basándome en algo más que en el título, me decido por el libro de poemas Hilos y por el diario, Husos - Notas al margen - , a partir del cual fue concebido el otro y que nos ayuda a comprender algo mejor (nunca del todo - ésa es la gracia - ) el origen y el desarrollo de las ideas de Maillard.

No se me ocurre una tarde mejor aprovechada que ésta. Vuelvo a casa con una sensación de gratitud inexplicable. Se dispersó momentáneamente mi incapacidad para el ahora. Hoy soy un poco más yo. O un poco más Me sobrevuelo.







Dime qué tengo que hacer. Las palabras se agolpan. Dime algo, dices, dice él, dices. A mí, me parece que no dejo de hablar. Sin embargo, cuando lo intento, sólo oigo un gemido largo, el que arrastra el llanto. hacia dentro o hacia fuera, la palabra sigue el mismo camino.

Dime lo que tengo que hacer. Llévame a donde me digan lo que tengo que hacer. Sus ojos. Tus ojos - ¿tus? - ¿ojos? - Ojo-lago, cálidos, ojos-aquí. Aquí, como los niños y los idiotas (pobres de mente, que no de espíritu). Aquí. Por eso tus ojos, para quedarme aquí, para seguir aquí, para aguardar. ¿Qué? No importa. Para aguardar.

Un lugar que no es el dentro ni la superficie. Un lugar donde están los niños y los pobres de mente. Un aquí que se prolonga. Me agarro a tus ojos, sus ojos, para poder quedarme. Dime lo que tengo que hacer.

Escribo porque tal vez no hablo. No me sueltes.



***


Partir, quedar, querer... dejar de querer. Dime qué debo hacer. Rituales. Dime. No preguntes. Dispón. Dejar de querer. Sin respuestas. Sin voluntad. Para estar aquí cuando se trata de estar fuera. A veces, dentro.

9 comentarios:

  1. "Partir, quedar, querer... dejar de querer. Dime qué debo hacer. Rituales. Dime. No preguntes. Dispón. Dejar de querer. Sin respuestas. Sin voluntad. Para estar aquí cuando se trata de estar fuera. A veces, dentro."

    Te ha pasado que a veces algo que leer, que tal vez para la persona que te hizo llegar ese texto no significa nada, para ti, que lo leíste después, tiene un significado muy grande?

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  2. Pues la visita a Barcelona no lo sé, a ver a partir de la última semana de febrero en adelante, que siempre estoy inmerso en mil historias. Iré seguro pero ya concretaré cuando y ya os diré. :)

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  3. Soler, no sabes cómo te entiendo, me pasa muy a menudo. Es reconfortante ver cómo alguien logra poner palabras a lo que tú mismo no eres capaz de expresar. Creo que precisamente por eso me gusta tanto la literatura.


    Fer, espero, pues, esa visita. Ya sabes dónde está tu casa :)

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  4. Me acabas de despertar la necesidad de leer a esta mujer.
    Es increíble como tu blog consigue despertarme tantas necesidades literarias,cómo consigues despertarme interés por tantos libros y canciones :P.
    No sé si te conté que me saqué de la biblioteca "El libro del desasosiego",de Pessoa,que empecé a leer y me encantó pero que tendré que devolver sin terminar porque con los exámenes n tengo tiempo apenas para leer...pero nunca se me habría ocurrido querer leerlo si no hubiera sido por ti.Así que por todas esas veces que he descubierto tesoros increíbles (como Walt Whitman y su "Hojas de hierba") gracias a ti...GRACIAS,PRECIOSA.Eres increíble :)

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  6. Aïda, ha sido una entrada preciosa, y casi que me has puesto la piel de gallina. ¡Qué envidia! Has conseguido transmitir las emociones que provocó la velada, te felicito.

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  7. Hola, acabo de dejar un comentario en el blog de Stalker, pero vine enseguida aquí a felicitarte por tu muy lograda crónica que, estoy seguro, servirá para difundir la poesía de Chantal Maillard.
    Saludos

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  8. Muchísimas gracias, chicos. A ver si recupero las buenas costumbres y vuelvo a actualizar el blog. Un saludo!

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