Todo aquel que me conozca puede dar fe de que la buena memoria no es precisamente una de mis virtudes. Ni a corto ni a largo plazo. Ni números, ni nombres, ni lugares, ni siquiera acontecimientos de relativa importancia personal en su momento logran quedarse en mi mente para ser recuperados más adelante, si no es con ayuda de quien tuvo la suerte o la desgracia de compartirlos conmigo.
Aún así, y entrando en contradicción con esa lógica peculiar que rige mi retentiva, hay detalles que, por un azar aparente (aparente porque creo que, en el fondo, tienen una significación especial que los hace destacar por encima de los otros), se quedan en mi memoria como grabados a fuego.
Es el caso de una fecha: 12 de enero de un año que no es uno, sino todos.
La lágrima fue dicha...
Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia
¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?
No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:
Nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.
Poeta, ensayista y catedrático ovetense, Ángel González es responsable, en gran medida, de que, a día de hoy, la poesía sea mi aliada y mi refugio, mi excusa y mi salvavidas, cuando todo alrededor parece volverse hostil. Desde ese 12 de enero cobran más sentido que nunca los versos en los que afirma que para vivir un año hay que morir muchas veces mucho. Porque todos morimos un poco más, si cabe, desde que no está él para curar, con sus palabras, nuestras heridas.


Hola Aïda, una entrada preciosa, directa al corazón. Yo también tengo memoria de pez, pero como bien dices, hay cosas que se quedan incrustadas para siempre.
ResponderSuprimirUn beso.
Celebro que te guste, Deusvolt. Muchas gracias por seguir leyéndome, a pesar de la poca constancia y la aún menor inspiración.
ResponderSuprimirPor cierto, he leído la lista de lecturas que tienes en tu blog y coincido en casi todas (aunque debo confesar que "Tokio blues" se me atragantó, a ver si lo retomo, que me han hablado muy bien de él)
Un saludo.