martes, 1 de febrero de 2011

Retorcedme sobre el mar


Uno de los efectos colaterales de haber sido criada a manos de fareros y pescadores es el descubrimiento temprano de la mar como recurso terapéutico al servicio de la salud mental de aquellos afortunados que saben beneficiarse de su capacidad purificadora. Se dice que, para que ello sea posible, debe establecerse un vínculo recíproco en el que el mar sea dotado, por medio de afecto y respeto, de tanto como él ofrece. Sólo si se da esta relación de mutua correspondencia ahogará en sus entrañas los miedos, depurará los sueños gastados, sacará a flote ilusiones y disolverá las dudas en su bálsamo paliativo de salitre y de leyenda.


Retorcedme sobre el mar,
al sol, como si mi cuerpo
fuera el jirón de una vela.
Exprimid toda mi sangre.
Tended a secar mi vida
sobre las jarcias del muelle.
Seco, arrojadme a las aguas
con una piedra en el cuello
para que nunca más flote.
Le di mi sangre a los mares.
¡Barcos, navegad por ella!
Debajo estoy yo, tranquilo.

[R.Alberti]

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