¡Qué rauda va la vida de enero a diciembre! Vivimos arrastrados por el torrente de esas cosas que han llegado a sernos tan familiares que ya no proyectan sombra; no establecemos comparaciones; apenas pensamos en yo o en tú; y en esta inconsciencia alcanzamos la máxima libertad que cabe alcanzar con respecto a la fricción, y apartamos los hierbajos que tapan las bocas de los canales sumergidos. Tenemos que saltar como peces, muy alto en el aire, para coger el tren que sale de Waterloo. Y por muy alto que saltemos volvemos a caer en la corriente.
Las Olas (Virginia Woolf)
Las Olas (Virginia Woolf)
El tiempo circular, concepto filosófíco que descubrí, como tantas otras cosas, gracias a la literatura (Borges, Kundera, Hesse... leídos uno tras otro, como si de una señal se tratara, en una misma época vital - quién sabe si, de forma más inconsciente o menos, andaba sin buscar (esa idea), pero sabiendo que andaba para encontrar(la) , como enunciaba Cortázar en su mítica Rayuela - ), me hace volver hoy aquí, para intentar poner fin a varios meses de relativo letargo en mi actividad literaria (no sólo en lo que a producción se refiere, sino también en cuanto a consumo - inadmisible pero constante período que siempre acaba para dar paso a temporadas fructíferas, que a su vez terminan en una época yerma, a la vuelvo en un eterno retorno - )
Y qué mejor manera de hacerlo que releyendo a Virginia (siempre regreso a ella, como a un oráculo particular, buscando respuestas que den pie a nuevas preguntas), cuyas Olas me han dado el empujón final, esta tarde, al abocar frente a mí las palabras que precisaba para tomar definitiva consciencia del peligro real que implica dejarse arrastrar por un día a día que nos consume y nos merma, en ocasiones, la inquietud.
De esta manera, empujada por una sed angustiosa de conocimiento que compense el tiempo ¿perdido? estos meses, me propongo retomar la idea inicial de este blog (cada vez más necesito un leif motiv que dé coherencia al todo y me ayude a retener las partes), con la intención de ser algo más constante que en anteriores ocasiones.
Olas de manos, dudas en las esquinas callejeras, alguien arroja una colilla al arroyo. Todo son historias. Pero, ¿cuál es la verdadera historia? No lo sé. De ahí que conserve mis frases colgadas, como ropas en el armario, en espera de que alguien se las ponga.

"Andaba sin buscar, pero sabiendo que andaba para encontrar". No sabía que era de Cortázar, pero Aïda, ahí está mi leif motiv. Mi constante vital! Cada vez creo más en la causalidad de casualidad. Gracias por hacernos partícipes de tu eterno retorno... Lo que nunca cambia, el cambio.
ResponderSuprimirGracias a vosotros por leerme y, a ti en particular, por aguantar tantas horas de pseudometafísica mezclada con Juan Magán y similares. Es increíble cómo se conectan, de manera casi mágica, nuestras entradas con nuestras conversaciones previas, sin que haya sido consciente de ello hasta que he leído tu comentario aquí y tu PD en tu blog (me encantan estas causalidades ^^)
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